Ayer Domingo me avisaron el fallecimiento de una tía abuela, y mis familiares que están en Iquique me pidieron que llevara una corona de flores a laIglesia de La Merced a nombre de ellos. Accedí sin mayores problemas.

Hoy fui a pie a la pérgola de Av. Santa María, compré una corona bonita. Pregunté que micro me servía para llegar a la Iglesia, y me dijeron algunas, pero también me dijeron que entre espera y taco, me convenía ir a pie. Les hice caso y partí a pie.

Al llegar a la Iglesia, me encontré con que las puertas principales estaban cerradas. Pensé que podía haber alguna pequeña y discreta puerta lateral, por lo que le pregunté a una comerciante ambulante estable de la Iglesia. Me dijo que la Iglesia abría a las 15:00 (recién eran las 14:20). Le dije con convicción que dentro estaban velando a una tía abuela. La señora me dijo con su propia convicción que a las 15:30 recién llegaba el “finadito”, que ahora no había ninguno. Decidí no llevarle la contraria y le dí las gracias.

Llamé por teléfono a mi familia y me confirmaron el lugar y que debieran estar velándola desde la mañana. Llamé a otro familiar, pero esta vez de Santiago, y me informó del cambio de planes, y que estaba siendo velada en la Iglesia del Parque del Recuerdo, un Cementerio Parque que queda a algo así como 7 Km. de distancia de donde me encontraba.

Ya eran las 14:30, mi hora de colación había pasado hacía treinta minutos, por lo que decidí volver a mi trabajo con la corona de flores, y de ahí pedir un radio taxi para que la entregara. Obviamente, al trabajo también volví a pie. Debo decir que nunca me había sentido tan observado al ir por la calle.

En resumen, hice un gran circuito por el centro de la ciudad, a una hora en que hace bastante calor, y más de la mitad del circuito fue con una gran corona de flores a cuestas. No me pidan que escriba con un lápiz, porque todavía tengo tiritones los brazos y manos (la corona no era liviana).