Mientras los guardias todavía dormían a causa de la resaca producida por la fiesta de la noche anterior, logramos burlar la vigilancia, y luego de tomar algunas provisiones iniciamos la huída.
Decidimos separarnos en grupos para poder aumentar nuestras posibilidades. El camino fue duro, tuvimos que cruzar precarios puentes que consistían en un par de cables paralelos (sin energía eléctrica afortunadamente), trepar muros sin apoyos ni cuerdas, cruzar cercas electrificadas, tirolesa, cruzar ríos… finalmente pudimos contactarnos con la resistencia en un pequeño poblado, los que nos han refugiado y alimentado hasta el momento. Estamos esperando que pasen algunos transportes civiles para poder alejarnos del infierno.