Cuando el servicio telefónico se ve interrumpido, es decir, no podemos realizar llamadas o recibirlas, le exigimos un descuento por los días sin servicio a la compañía que lo presta.

Cuando la navegación por internet se realiza a velocidades muy inferiores a la contratada, incluso para tráfico nacional, y en distintos horarios, reclamamos a la compañía que presta el servicio y exigimos un descuento o compensación por el servicio degradado que tuvimos.

Cuando se corta la luz en forma no programada más de cierta cantidad de veces en un período de tiempo específico, la compañía que presta el servicio debe, por ley, compensar a los clientes.

¿Se imaginan, si en vez de cualquier tipo de compensación, recibiésemos el mensaje: “el servicio está interrumpido o degradado, disculpe las molestias”? Pues es exactamente eso lo que hace Metro cuando hay demoras en los trenes, detenciones imprevistas en los túneles, atochamientos en los andenes o estaciones, o cualquier otra interrumpción o degradación de su servicio. ¿Y qué compensación recibimos los usuarios, los clientes, los que pagamos por un servicio? Nada, aparte de la molestia que provoca estar pagando cada vez más por un servicio que cuando debiera compensarnos solo nos dice sorry.