April 2007


Aprovechando que éramos nosotros nuestros propios agentes de viajes, elegimos partir de Santiago a las 6:15 AM (sí, AM), y volver de Buenos Aires a las 20:45, de modo que pudiésemos aprovechar al máximo los días de llegada y partida, cosa que normalmente no siempre sucede cuando usas servicios de agencias.

Llamamos el día anterior a la partida, bien temprano, a un servicio de transporte de pasajeros (transfer), el cual ofrecía pasarnos a buscar a las 3 AM (sí, 3 AM). Declinamos gentilmente la oferta, y gracias a un par de mentirijillas blancas, logramos que otra empresa de transfer nos pasara a buscar a las 4 AM.

El despertador puesto para que sonara a las 3 AM del día siguiente, y eran pasadas las 11 y todavía armando maletas (mochilas más bien). En fin, dormimos poco, nos levantamos muertos de sueño, el transfer llegó a tiempo y relajadamente llegamos al aeropuerto e hicimos todos los trámites previos a abordar.

El viaje estuvo bien, aunque a Sole le llamó la atención que demorase tanto en aterrizar. Más tarde nos enteraríamos que hacía un par de días, durante una tormenta, un rayo había caído en el radar del aeropuerto argentino. Esa era la razón de la demora en aterrizar, habían ampliado los tiempos entre uno y otro despegue y aterrizaje para poder garantizar la seguridad.

No nos costó nada elegir una empresa de remís (radio taxi) y partimos rumbo a Buenos Aires bajo un cielo nublado que amenazaba.

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Quizás fue exceso de confianza o quizás fue sed de aventura, pero el viaje a Buenos Aires decidimos que sería sin ninguna agencia de viajes de por medio.

Argumentos a favor:

  • Ya habíamos ido una vez hace unos 3 o 4 años.
  • Teníamos un amigo allá (Pablo).
  • Teníamos la experiencia de San Francisco que nos demostró que con una buena investigación previa se puede funcionar bien.

Argumentos en contra:

  •  Ninguno (creo).

Así que con más de un mes de anticipación compramos pasajes aéreos a buen precio, investigamos acerca de lugares y eventos que queríamos visitar y tomamos la recomendación de una amiga para seleccionar el alojamiento. Decidimos que fuese un hostel y no un hotel porque era más barato y menos impersonal. Reservas hechas y confirmadas, nos quedamos tranquilos por las tres semanas que seguían previas al viaje. Seguimos averiguando acerca de museos, paseos, tarifas, horarios y gratuidades varias.