Parafraseando al conocido grupo irlandés U2, creo que las actuales condiciones en que opera el metro de Santiago, son un accidente esperando ocurrir. La cantidad de personas que transporta en las horas punta, provoca:

  • Tumultos para abordar el tren, los que muchas veces colapsan la capacidad del andén, con lo que se pone en riesgo la seguridad de la gente al quedar muchas veces muy cerca de la vía.
  • Vagones repletos, lo que favorece la delincuencia y aumenta el riesgo de pérdida de vidas en caso de un accidente o un incendio.
  • Nuevamente tumultos para abandonar el vagón, sobre todo cuando se llega a una estación de combinación como Tobalaba o Los Héroes, con lo que nuevamente se satura la capacidad del andén y se ponen en peligro a los pasajeros.

Hace algún tiempo, recuerdo que se instaló en varios carros del metro, un aparato color anaranjado que tiraba aire. Más o menos tibio, pero tiraba aire. Hoy, dichos aparatos no funcionan. Y si a eso le sumas que alcanzamos la capacidad proyectada por metro como máxima de seis personas por metro cuadrado (¿existirá alguna normativa de seguridad al respecto?) el resultado final es sentirse una verdadera sardina enlatada. Y una sardina cocinándose en sus propios jugos, por lo de la falta de aire acondicionado y el hacinamiento. Honestamente, me hizo recordar escenas de la película La Lista de Schindler, cuando el protagonista pide que rieguen con agua los vagones de tren donde transportaban prisioneros judíos. Triste recuerdo y triste realidad.